La pedofilia y la norma. Su significante y desarrollo mediático asociado

¿Bajo qué aspectos nos parece la pedofilia –patología- algo despreciable?, a partir de esa interrogante me propongo introducir a la reflexión crítica de a continuación. Posiblemente la figura del pedófilo sea en la sociedad contemporánea la del sujeto de mayor repudio colectivo por convención, más allá de que existan miradas disidentes –a las cuales me sumo- que traten de explicar la pedofilia a partir de condiciones sociales previas, apelando a la violación –en la mayoría de los casos- del pedófilo en la infancia, entre otras experiencias de vida que tengan que ver en la pre-fabricación de esté mismo. Lo que quiero no es presentar un análisis explicativo de la pedofilia, sino entender su significante para la sociedad y bajo qué aspectos morales y de sensibilidad nos parece sinónimo de lo repudiable y perverso. No quiero que lo siguiente sirva para ser interpretado como una justificación de agente de la dominación sexual que ejerce poder sobre el niño violado, en este caso el pedófilo o el pederasta, sino simplemente como un análisis de la pedofilia a partir de su significante.

La sociedad occidental-capitalista contemporánea se soporta bajo diferentes normas prescriptivas tanto sexuales, psicológicas, sociales como políticas, estás son mediadas a través de instituciones regulatorias –a partir de la maternidad, siguiendo con la familia- y agentes sociales –los sujetos- en torno a la cohesión colectiva y omnipresente entre la moral cristiana y en un discurso mediático y espectacular que funcionan también como soportes de la sociedad normativa. Cualquier sujeto que se desvíe del cuadro normativo y de las construcciones morales e ideales de la sociedad será patologizado y criminalizado, habrá diferentes instituciones médicas y jurídicas destinadas a su regulación, control y corrección. Aquí el pedófilo aparecerá como un sujeto de desvío, el pedófilo será un desviado de la norma sexual hegemónica –sexualidad construida a partir del siglo XVII-, el pedófilo atentará contra todas las normas morales, sexuales y sociales, por lo cual se fabricará un discurso mediático que convertirá al pedófilo en el peor enemigo de esta sociedad, posiblemente aún más de lo que en el pasado pudieron ser el loco, el monstruo o el criminal. El pedófilo además será un incorregible sexual, será símbolo del sujeto anormal en términos sexuales –al lado del incesto y algunas prácticas sexuales que escapen la hetero-norma y la monogamia-, por lo cual los poderes políticos, religiosos y sociales -aún cuando en sus morbos internos necesitan de la pedofilia- construirán una serie sensibilidades colectivas para transformarlo en su peor enemigo. La pedofilia y otras prácticas desviadas funcionarán por los aparatos de verificación médicos y jurídicos como constructores de sensibilidad, lo que se traduce en una discursiva mediática que regulará la norma.

sexA pesar de que exista un discurso colectivo y mediático que sentencia a la pedofilia como práctica perversa, son los mismos medios los promotores de una sexualización rápida en la infancia de acuerdo a los roles asignados por norma, patrones de belleza y por la construcción biopolitica dual de género. Se podría concluir que a pesar de que la norma sexual no aceptará la pedofilia por considerarle desvío, se difunde silenciosamente una discursiva mediática que construye imaginarios adultos en torno a identidades infantiles sexualizadas, se trata de que el adulto transgreda la norma sexual abrazando la pedofilia con el niño, un ejemplo pedagógico de la sexualidad en torno a esto sería la industria del porno que durante el último siglo se ha esforzado en transformar la figura de la “escolar, niña o adolescente” en sujeto del deseo colectivo y mercantil, pero silencioso.

Hacer un análisis crítico en torno a la figura del pedófilo significará tener en cuenta una serie de cuestiones previas, partiendo por las diferentes interpretaciones y connotaciones culturales que ha tenido la pedofilia como práctica sexual –dominadora si se quiere- en otras culturas o periodos de la Historia. Se sabe que en la actualidad en algunas partes de Medio Oriente la relación sexual entre adultos con niños o adolescentes se encuentra totalmente aceptada por la sociedad, aunque también obedece a una normativa religiosa, política y jurídica. Por otro lado la pedofilia en la antigüedad –principalmente en Europa- ha pasado por una serie de evoluciones en torno a su entendimiento y convención histórica, en algunos periodos y lugares ha sido una práctica normalizada, un ejemplo de ello fue en la antigua Grecia donde las relaciones sexuales pederastas eran totalmente aceptadas por el discursivo colectivo, pero en otros momentos históricos fue también sinónimo de lo perverso, aunque en todos sus entendimientos o desarrollos obedecía a una serie de soportes y protocolos jurídicos, médicos y políticos, así como una sensibilidad pre-fabricada.

La figura del pedófilo y de la pedofilia en la sociedad actual serán no solo consideradas una práctica perversa y dominadora -con lo cual concuerdo en lo segundo-, sino también una temática tabú y silenciada, ¿será que la sociedad en su morbosidad y excitación sexual por lo transgresor teme desaparecer la pedofilia?, quizás, habría que recordar que la pedofilia ocurre con más frecuencia en la institución primera, la familia. No obstante, me resulta urgente invitar a la reflexión crítica, no a través del imaginario o sensibilidad pre-fabricada por la norma o el discurso mediático, sino analizando los trasfondos individuales, culturales y políticos y las significantes sociales en torno al pedófilo y pedofilia.

Escrito por Orlando S.
Colectivo Antipsiquiatría.

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