El mito de la enfermedad mental, Thomas Szasz

The_Myth_of_Mental_Illness,_1962_Secker_&_Warburg_edition“En este libro trataré de disipar esas confusiones, esclareciendo de este modo la atmósfera psiquiátrica. En la primera y la segunda parte expondré las raíces socios históricos y epistemológicos del moderno concepto de enfermedad mental. La pregunta: «¿Qué es la enfermedad mental?» se liga de manera inextricable con otro interrogante: «¿Qué hace el psiquiatra?». Mi primera tarea consiste, por lo tanto, en presentar un análisis esencialmente «destructivo» del concepto de enfermedad mental y de la psiquiatría como actividad seudomédica. Creo que tal «destrucción» es indispensable, igual que la demolición de los viejos edificios, si queremos erigir un edificio nuevo más habitable para la ciencia del hombre.” Thomas Szasz

“Hace años, el nombre de Thomas Szasz era un santo y seña para los iniciados en la senda de los alucinógenos y en la de la libertad del ser humano con su carga de responsabilidad correspondiente. La noción que más memorable me parece de sus numerosos libros, es la que alude a la persona verdaderamente libre, aquella que no se somete a control alguno pero –sobre todo- la que no desea ni necesita controlar a nadie. Hace falta mucha seguridad en sí mismo y mucha confianza en los demás para llegar a ese nivel.

Desde 1961, en que publicó El mito de la enfermedad mental, que revolucionó la psiquiatría mundial, a Szasz se le asocia con el movimiento de la antipsiquiatría al que contribuyeron los italianos Franco Basaglia y Giovanni Jervis, el surafricano David Cooper, el británico R. D. Laing, el canadiense Erwing Goffman. Los franceses Felix Guattari, Gilles Deleuze y Michel Foucault, anduvieron también en esos terrenos, aunque en la Francia aquella del 68, la antipsiquiatría no fue una corriente muy cultivada. En España, Ramón García, Enrique G. Duro, Manuel González de Chavez y Alicia Roig, entre otros, lucharon por los derechos de los enfermos mentales en la línea de este movimiento. Pero, estábamos con Thomas Szasz.

En El mito de la enfermedad mental, arremete contra las construcciones patológicas que los controladores de turno hacen de actitudes libres de las personas, de la falta de sumisión, por ejemplo, de la desobediencia a las reglas sociales. El invento de la histeria aplicada a las mujeres que no atendían los requerimientos masculinos es un ejemplo clásico. Para él, una enfermedad es algo que debe revelarse en la mesa de autopsias, nunca un comportamiento “raro” o una forma de ver las cosas.

En sus muchos libros desarrolla las bases de su pensamiento: que sólo la persona manda en su cuerpo y su mente, que el uso de medicinas es un asunto privado de cada cual y que el suicidio es un derecho fundamental del individuo. Ahora, nadie niega el derecho a tener una muerte digna, por lo menos.

En La medicalización de la vida cotidiana, Szasz le da un buen meneo a la industria farmacológica y su comandita con la medicina oficial para mayor gloria del negocio que fácilmente trabaja contra la salud de la gente. Mucho más encarnizado se muestra en Pharmacracy: Medicine and Politics in America (2001) que no ha sido traducido al español, que yo sepa. Claro, tal como lo voy contando, parece que se trate de un paranoico obsesivo, pero no.”

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