Colectiva Antipsiquiatría, Comunicado 1

No soy -no somos- un universitario ni un académico que en su “Yo” filántropo, paternalista o que para el reconocimiento público o propia autocomplacencia de buen humanista de izquierda escribe sobre la locura y los locos, me declaro y nos declaramos como locas producidas por el estado de las cosas, como psiquiatrizadxs que ya han anunciado un devenir de guerra no-racional y de la insurrección de la subjetividad contra la Psiquiatría como institución médico-disciplinaria inquisidora de la Higiene pública. No queremos defender ni liberar a nadie en un afán de héroes o salvadores cristianos, TIQQUN decía: -“E incluso las princesas encerradas en las torres saben que la llegada de los príncipes azules es sólo el preludio de la segregación conyugal, que lo que hace falta es abolir de un solo golpe las prisiones y a los liberadores, que lo que necesitamos no son programas de liberación sino prácticas de libertad.”- (Tesis sobre la comunidad terrible) Sigue leyendo

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El poder psiquiátrico, Michel Foucault

foucaultLa Historia de la locura en la época clásica efectuaba la arqueología de la línea divisoria en virtud de la cual se separa en nuestras sociedades al loco del no-loco. El relato finaliza con la medicalización de la locura a principios del siglo XIX. El curso que Michel Foucault consagra a finales de 1973 y principios de 1974 al «poder psiquiátrico» prosigue esta historia dando, sin embargo, un giro al proyecto: acomete la genealogía de la psiquiatría, de la forma propia de «poder-saber» que ella constituye. Para ello resulta imposible partir de un saber médico sobre la locura, pues éste se demuestra inoperante en la práctica. Únicamente puede darse cuenta de la producción de verdad psiquiátrica sobre la locura a partir de los dispositivos y técnicas de poder que organizan el tratamiento de los locos en el periodo que va de Pinel a Charcot. Sigue leyendo

Delirio, enfermedad mental construida y la psiquiatría como policía de la Norma

“Recuerdo haber pensado en una oportunidad que los esquizofrénicos son los poetas estrangulados de nuestra época.”
David Cooper, Psiquiatría y antipsiquiatría (1967)

Antes que todo será necesario aclarar que cuando hablamos de delirio no le estamos dando un sentido psiquiátrico a la palabra, utilizamos el término simplemente para el entendimiento del lector, nos referimos con esté al conjunto de cuestiones que el loco experimenta en sus viajes. El delirio es el principal soporte psiquiátrico de las patologías construidas como: esquizofrenia y psicosis, no por nada en el DSM-V establece las “ideas delirantes” y las “alucinaciones” como los primeros síntomas para reconocer estas supuestas “enfermedades mentales”. En respuesta a esto como primicia de resistencia cuestionamos la construcción de “idea delirante”, puesto que se configura como aquello que sale de la Norma y de la Razón, traducida esta ultima en la suma de entendimientos a partir consensos cognitivos, políticos y sociales que se establecen y producen principios y verdades -haría falta leer a Kant al respecto-, pero que tiene un fracaso y una falacia evidente en su construcción de origen, puesto que no hay verdad ni realidad única, son ficciones políticas, tiránicas y normalizadoras en el fin de construir está Razón, por lo cual es también funcional con lo primero: la Norma, como productora de verdades; ficciones políticas que configuran la Razón. Sigue leyendo

Suicidio como línea de Fuga

“La perfección del suicidio se encuentra en lo equívoco.”
Guy Debord, Aullidos por Sade (1952)

Cuando hablo del suicida no hablo del loco, pueden existir suicidas locos y no, pero la evidencia empírica muestra que no hay co-relación verídica entre el suicidio y la locura, ni siquiera en la estadística o en la literatura al respecto, cuestión que la discursiva mediática y psiquiátrica de forma intencionada ha preferido ignorar, esto porque establecen como verdad pública la falacia de que el loco se encuentra en peligro de sí mismo, y posiblemente se encuentre en una situación peligrosidad pero no producto de su delirio -como dice la institución psiquiátrica- sino de las condiciones políticas y médicas de las que fue secuestrado, está en peligro de sus ataduras pero no de su locura. Condiciones de contexto, situaciones y estado de las cosas que nos pone a todos en un devenir suicida, locos y supuestos cuerdos.

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Carta a los directores de asilos de locos, Antonin Artaud

Señores:

Las leyes, las costumbres, les conceden el derecho de medir el espíritu. Esta jurisdicción soberana y terrible, ustedes la ejercen con su entendimiento. No nos hagan reír. La credulidad de los pueblos civilizados, de los especialistas, de los gobernantes, reviste a la psiquiatría de inexplicables luces sobrenaturales. La profesión que ustedes ejercen está juzgada de antemano. No pensamos discutir aquí el valor de esa ciencia, ni la dudosa realidad de las enfermedades mentales. Pero por cada cien pretendidas patogenias, donde se desencadena la confusión de la materia y del espíritu, por cada cien clasificaciones donde las más vagas son también las únicas utilizables, ¿cuántas nobles tentativas se han hecho para acercarse al mundo cerebral en el que viven todos aquellos que ustedes han encerrado? ¿Cuántos de ustedes, por ejemplo, consideran que el sueño del demente precoz o las imágenes que lo acosan, son algo más que una ensalada de palabras?

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La locura no es identidad, ni condición, ni menos afección

“Estos hombres del deseo (o bien no existen todavía) son como Zaratustra. Conocen increíbles sufrimentos, vértigos y enfermedades. Tienen sus espectros. Deben reinventar cada gesto. Pero un hombre así se produce como hombre libre, irresponsable, solitario y gozoso, capaz, en una palabra, de decir y hacer algo simple en su propio nombre, sin pedir permiso, deseo que no carece de nada, flujo que franquea los obstáculos y los códigos, nombre que ya no designa ningún yo. Simplemente ha dejado de tener miedo de volverse loco.”

Deleuze y Guattari, El AntiEdipo (1972)

Reconozcamos y reivindicamos la(s) locura “intrínseca” –a la cual este texto se refiere- por su resistencia en el campo filosófico y social a la Razón hegemónica, pensamos en(a) otras formas de locuras como producciones de determinados estados de las cosas, estas últimas que en el capitalismo han tenido una amplia notoriedad atribuible a las condiciones políticas y económicas que el capital mismo genera en la sociedad. A pesar de que la locura se intente –y posiblemente con éxito social- objetivar como “enfermedad mental” con fundamentos e intenciones propias de las sociedades de control de Gilles Deleuze, no así científicos, sigue siendo –la locura- uno de los temores intraducibles de los tiempos modernos; el loco es una grieta molesta para el supuesto orden de las cosas que las instituciones del higiene pública defienden, especialmente la psiquiatría.

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¿La muerte de la clínica?, Beatriz Preciado

“En El nacimiento de la clínica (1963), Michel Foucault sugería que a cada modelo de poder corresponde un cuerpo sano y enfermo, una forma específica de gestión de la sexualidad y de la reproducción, una espacialización de las diferencias en la ciudad y una utopía de inmunidad nacional. ¿Cuál sería este modelo de gestión somatopolítica que caracteriza a las sociedades neoliberales contemporáneas?
Por una parte, las técnicas de apropiación y esclavismo, la gestión de la sífilis y la patologización de la locura y la homosexualidad — que caracterizaron los siglos XVIII y XIX- se ven hoy desplazadas por nuevas técnicas de gestión de la migración, de cuerpo seropositivo y por la patologización y la producción mediática de la discapacidad, del autismo, de la obesidad, de la infertilidad, de la intersexualidad o de la transexualidad. La heterosexualidad como técnica de procreación naturalizada y legitimada políticamente, ha dejado paso a la comercialización de tecnofluidos y de materiales genéticos. La figura del cuerpo endeudado, como bien ha escrito Maurizio Lazzarato, emerge de la condición neoliberal. Sigue leyendo