De residuos y resistencias frente a la sociedad disciplinaria (desde Michel Foucault)

“¿Que puede ser fatal, loco, desmedido? Quizás. Pero lo cierto es que en cuanto a la responsabilidad o a la irresponsabilidad, nada sabemos de tales nociones: se las dejamos a la policía y a los psiquiatras de los tribunales”
(Deleuze & Guattari, 1972)

Michel Foucault nos dice que desde final del S. XVIII y principio del S. XIX comenzarían las sociedades disciplinarias dejando atrás a sus antecesoras: las sociedades soberanas, donde la dominación era visible, así mismo la rebelión era palpable, y un temor recurrente para el poder político. En las sociedades disciplinarias en cambio, la dominación funciona de forma invisible, por dispositivos virtuales, y es constante, no necesita a un policía, introduce el policía en nuestras cabezas, se codifica en nuestros cuerpos, subjetiviza, normaliza, y nos vuelve a todos en agentes disciplinarios, y (re)productores del orden imperante, que además tiene una serie de instituciones normativas como soporte, tales como escuelas, hospitales, cuarteles, prisiones y otras. Sigue leyendo

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El poder psiquiátrico, Michel Foucault

foucaultLa Historia de la locura en la época clásica efectuaba la arqueología de la línea divisoria en virtud de la cual se separa en nuestras sociedades al loco del no-loco. El relato finaliza con la medicalización de la locura a principios del siglo XIX. El curso que Michel Foucault consagra a finales de 1973 y principios de 1974 al «poder psiquiátrico» prosigue esta historia dando, sin embargo, un giro al proyecto: acomete la genealogía de la psiquiatría, de la forma propia de «poder-saber» que ella constituye. Para ello resulta imposible partir de un saber médico sobre la locura, pues éste se demuestra inoperante en la práctica. Únicamente puede darse cuenta de la producción de verdad psiquiátrica sobre la locura a partir de los dispositivos y técnicas de poder que organizan el tratamiento de los locos en el periodo que va de Pinel a Charcot. Sigue leyendo

Historia de la locura en la época clásica (I, II y III), Michel Foucault

Michel Foucault por sí mismo (2003), extracto Historia de la locura en la época clásica I.

Michel Foucault por sí mismo (2003), extracto Historia de la locura en la época clásica I.

“Historia de la Locura de Michel Foucault es un libro que, situando el objetivo de sus reflexiones en la experiencia que de la locura se tuvo desde el renacimiento hasta la modernidad, va más allá y nos ofrece unos análisis absolutamente vigentes a todos aquellos de nosotros involucrados en lo que el mismo Foucault llamó disciplinas “psi” para pensar nuestro presente, para entender cómo ha tenido lugar el surgimiento de la experiencia actual de lo que se llama locura. Se trata, desde mi punto de vista, de un análisis muy oportuno en un momento en que la arrogancia de la psicología y la psiquiatría está alcanzando unas cotas jamás vistas, cuando narran la historia de su constitución jalonándola de triunfalismos y autocomplacientes nociones de progreso científico.

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Psiquiatría y antipsiquiatría, Michel Foucault (La vida de los hombres infames, 1977)

Existe sin duda una correlación histórica entre estos dos hechos: antes del siglo XVIII la locura no era objeto sistemático de internamiento y era considerada fundamentalmente como una forma de error o de ilusión. Todavía a comienzos de la época clásica la locura era percibida como algo que pertenecía a las quimeras del mundo; podía vivir en medio de esas quimeras y no tenía por qué ser separada de ellas más que cuando adoptaba formas extremas o peligrosas. Se entiende que en tales condiciones el lugar privilegiado en el que la locura podía y debía manifestarse plenamente en su verdad no podía ser más que el espacio artificial del hospital. Los lugares terapéuticos reconocidos eran varios, y sobre todo la naturaleza, puesto que constituía la forma visible de la verdad; la naturaleza poseía en sí misma el poder de disipar el error, de volatilizar las quimeras. Las prescripciones médicas eran pues casi naturalmente el viaje, el reposo, el paseo, el retiro, la ruptura con el mundo artificial y vano de la ciudad. Esquirol recordará todavía esto cuando, al proyectar los planos de un hospital psiquiátrico, recomiende que cada patio esté abierto ampliamente a un jardín. Otro lugar terapéutico en uso era el teatro, naturaleza invertida; se representaba para el enfermo la comedia de su propia locura, se le ponía en escena, se le ofrecía por un instante una realidad ficticia, a base de disfraces y de decorados se producía la impresión de que esta realidad era verdadera de tal forma que, cayendo en la trampa, el error terminase por manifestarse a los ojos mismos de quien era víctima de él. Esta técnica tampoco había desaparecido completamente en el siglo XIX; por ejemplo Esquirol recomendaba simular procesos melancólicos para estimular su energía y combatividad.

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Los Anormales, Michel Foucault

los anormales“Dictado en el Collège de France entre enero y marzo de 1975, el curso sobre Los anormales prolonga los análisis que Michel Foucault consagró desde 1970, y sobre todo en “Hay que defender la sociedad”, a la cuestión del saber y el poder: poder disciplinario, poder de normalización, biopoder.

A partir de múltiples fuentes teológicas, jurídicas y médicas, Foucault enfoca el problema de esos individuos “peligrosos” a quienes, en el siglo XIX, se denomina “anormales”. Define sus tres figuras principales: los monstruos, que hacen referencia a las leyes de la naturaleza y las normas de la sociedad, los incorregibles, de quienes se encargan los nuevos dispositivos de domesticación del cuerpo, y los onanistas, que dan pábulo, desde el siglo XVIII, a una campaña orientada al disciplinamiento de la familia moderna.

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